Hijos míos, la guerra espiritual está en curso; mirad a vuestro alrededor lo que sucede.
Hijos, os pido que tengáis esperanza; Jesús ha separado sus ovejas.
El camino no está sembrado de rosas sino de espinas y zarzas; pero si os encomendáis a Jesús, el Salvador del mundo, veréis cómo las cosas cambian en vuestro favor.
No desesperéis, porque eso significaría caer en la trampa del enemigo de Dios.
No es la oscuridad lo que viene por ti, sino la luz de Jesús; ten certeza de que con mis manos unidas a las tuyas, la paz descenderá en vuestros corazones. La oración, la confesión y la Eucaristía serán vuestras armas.
Estoy contigo.
Ahora os bendigo a todos, en el nombre de la Santísima Trinidad.
Reflexión sobre el mensaje:
Demos gracias a Dios Padre, porque aún permite que Nuestra Señora baje a la Tierra para consolarnos, mostrarnos el camino a seguir entre las hostilidades de la vida y qué armas espirituales usar para defendernos contra los ataques del Maligno. ¡Cuántas dificultades enfrentamos cada día! Tantas que a veces nos preguntamos: ¿por qué me pasan todas a mí? Y así corremos el riesgo de caer en exasperación o, peor aún, en desesperanza.
Pero Nuestra Señora nos trae Esperanza e invita a hacerla nuestra propia, con la certeza de que al encomendarnos a Jesús, las cosas saldrán bien.
No podemos dejar de notar que la Virgen Bendita usa las mismas palabras que Jesús nos dio el Jueves Santo: un “camino de espinas y zarzas.” No lo hace para asustarnos sino para prepararnos; porque cuando somos conscientes de las dificultades que nos esperan, nos asustan menos.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org