Hijitos, yo soy María, Madre de la Caridad Cristiana; yo soy su Madre, tal como se me dijo al pie de la Cruz, y solo encuentro mi felicidad cuando veo a mis hijos caminar hacia la Luz.
El mayor regalo que me puedes ofrecer es una vida santa, una confesión sincera, la participación en la Eucaristía y un corazón rebosante de amor.
Como su Madre del Cielo, mi deber es guiarlos hacia Jesús.
Y por todos aquellos que se encomiendan a Mí, los tomo de la mano para ayudarlos a permanecer siempre en este camino que conduce a la Luz Celestial.
Aquellos que se arrodillan al pie de mi tocón pueden estar seguros de Mi protección y de Mi bendición divina.
Los amo a todos con amor de madre. Hagan lo que hagan, continuaré intercediendo por ustedes; continuaré implorando a Dios que les conceda Su misericordia. Hagan lo que hagan, nunca los abandonaré.
Intercedo por cada uno de ustedes; enjugo sus lágrimas; fortalezco a los desanimados y guío hacia Jesús a quienes se encomiendan a Mi protección.
Estén unidos en la oración. Oren para agradecer al Señor el don de la vida que les ha dado, y reciban las gracias que deseo otorgarles.
Permanezcan siempre en paz, esperanza y amor.
Yo, su Madre del Cielo, María, Madre de la Caridad Cristiana, los bendigo y los guío al Corazón de mi Hijo Jesús.
Su Madre del Cielo, María, Madre de la Caridad Cristiana.